Tener una sola contraseña para todo para "no olvidarla" parece una gran idea hasta que recuerdas que le estás dando la misma llave a tu correo, a tu banco y a esa tienda cutre de camisetas donde compraste una vez. En cuanto esa tienda sufra una fuga de datos (y ocurre a diario), los atacantes no perderán el tiempo: cogerán tu correo y esa clave y los probarán automáticamente en cientos de servicios populares. Si una puerta cae, caen las otras catorce detrás.
